martes, 21 de septiembre de 2021
Cuento: Ella vino del mar
lunes, 30 de noviembre de 2020
Cuento: El guardián de Ernesto
La habitación está a oscuras. Ernesto duerme plácidamente, aunque se acerca el momento...
La tenue luz del farol de la calle se apaga de repente, como si fuera la llama de una vela que se extingue de golpe.
El gato eriza su pelaje. Sabe que está a punto de suceder.
-Debo estar preparado. Piensa el felino.
Un agudo gruñido corta el silencio nocturno. Ernesto intenta despertar, pero siente el pecho apretado. Un denso peso le impide moverse.
El gato se acerca, con su pelo inflado, la cola como un ciprés se yergue hacia el techo.
Los ojos furiosos del animal destellan y desafían a la entidad burlona que está sentada sobre el pecho exangüe de Ernesto. A pesar de su negrura, se alcanza a distinguir una fila de horribles dientes que forman una sonrisa socarrona.
Ernesto, con los ojos como platos, no puede hacer más que observar aquel duelo.
El gato lanza golpes al aire, intentando amedrentar al oscuro. De su furibunda garganta salen chasquidos, su lengua vibra expandiendo el sonido por toda la estancia.
El ser oscuro estira su mano amenazante.
El felino intensifica la mirada y casi como si de magia se tratara, logra amplificar el fulgor de sus ojos. Un halo blanquecino ilumina por un instante la habitación, como un relámpago en una noche de tormenta. Es suficiente, la entidad ha desaparecido.
Ernesto hincha su pecho en una sonora inspiración. El cuerpo vuelve a ser suyo.
El gato se sube a la cama y se acuesta al lado del hombre, que lo abraza en un gesto de sincera gratitud.
El humano, ya recuperado, se levanta y observa por la ventana cómo el farol vuelve a iluminar la solitaria calle. El felino ronronea feliz. Por una noche más su amado está a salvo de las garras de la oscuridad.
Aunque no puede descuidarse. Cada madrugada es una lucha, el fiel guardián bien lo sabe.
lunes, 5 de octubre de 2020
Cuento: Noches de amor
Sus ojos se cruzaron cuando la luz de la luna teñía todo de azul. La palidez del redondo rostro se recortaba en el cielo nocturno. Desde abajo la humana observaba con amor infinito a la magnífica ave. El flechazo fue definitivo.
Cada noche se veían, cada noche se amaban en la distancia. Durante el día, se tenían en sus pensamientos y ni las lluvias primaverales truncaban sus anhelados encuentros.
La sonrisa de una era el fuego en el corazón de la otra. Una conocía cada mancha del plumaje de la otra, y la otra reconocía la cantarina voz de su amada entre miles de sonidos nocturnos.
El brillo en los redondos ojos que sobrevolaban el campo rezumaban tenacidad y valor; los que observaban embelesados desde la tierra, dulzura y comprensión.
Conocían el valor de las palabras, no por oírlas, sino por sentirlas. No era entenderse, era saberse una en la otra. Reconocerse en la mirada pura de su amante, como en un espejo de agua.
Cuando se presentaba una situación adversa para alguna de ellas, la otra lo intuía. Comunicábanse con el corazón, no con la frialdad de la mente.
Las alegrías también se compartían por este medio etéreo, generando plácida calidez en ambos seres.
Muchos eran los que se preguntaban por la razón de ser de semejante amor. Incapaces de entender la profundidad de los sentimientos, solo veían las diferencias, los impedimentos, y dejando hablar al prejuicio, comentaban necedades y palabras vacías. Estos improperios a la mujer y al ave les tenían sin cuidado, la conexión de sus almas estaba más allá de lo superfluo de la existencia física.
No era cuestión de cuerpos, de especies, sino de saber que eran compañeras en esta vida, en esta realidad, y también en otras. Esa verdad les otorgaba la felicidad plena.
domingo, 27 de agosto de 2017
ESCRITOS METROPOLITANOS: De noche
Por la noche, el aire fresco inunda las calles y se puede salir a caminar. ¡Qué bello el aire fresco!
En este horario, donde nadie transita ya, cuando los gigantes duermen, es cuando la verdadera ciudad emerge.
Aparecen cosas que antes no se veían con luz solar. Antiguas casonas, cines ya inexistentes, detalles que de observarlos con calma mutan en cosas maravillosas.
Todo esto, solo de noche.

