La punta de mi dedo índice se estremece. Comienza a recorrer el espacio de manera uniforme, lenta y soporíficamente. Es el comienzo de la vibración. Las muñecas languidecen en un giro grácil como hojas vegetales mecidas por la brisa de la tarde. El codo, en su eterno rotar vacila ante la inminente caída del hombro. Agitado por el impulso de su gemelo, el otro brazo se entrega al frenesí. El torso ya no es inmune a las sensuales tentaciones, y recorre el espacio en mecánica rotación. Como la peste, se propaga la actividad en mí. La energía fluye y mis músculos se transforman en agua. Todo mi ser se acuifica y como baldazo contra el piso, me desparramo, me expando hasta rincones insospechados.
Mostrando entradas con la etiqueta Sosiego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sosiego. Mostrar todas las entradas
lunes, 18 de diciembre de 2017
SENSORISMOS SENSUALES - Danza
La punta de mi dedo índice se estremece. Comienza a recorrer el espacio de manera uniforme, lenta y soporíficamente. Es el comienzo de la vibración. Las muñecas languidecen en un giro grácil como hojas vegetales mecidas por la brisa de la tarde. El codo, en su eterno rotar vacila ante la inminente caída del hombro. Agitado por el impulso de su gemelo, el otro brazo se entrega al frenesí. El torso ya no es inmune a las sensuales tentaciones, y recorre el espacio en mecánica rotación. Como la peste, se propaga la actividad en mí. La energía fluye y mis músculos se transforman en agua. Todo mi ser se acuifica y como baldazo contra el piso, me desparramo, me expando hasta rincones insospechados.
domingo, 27 de agosto de 2017
Poemario Denso I
Poemario Denso es una ventana abierta a épocas oscuras, ambientes pesados, donde los protagonistas de las historias allí contadas son víctimas anónimas de un descarnado desasosiego .
Lamento de otoño
Caigo de rodillas sobre el suelo estéril
Nauseas en el corazón
Tripas destrozadas
Asco y repulsión.
La ropa se mece en la soga
El verde césped ondula a lo lejos
Nauseas en el corazón.
Recuerdos que hacen sinapsis
Agudo dolor visceral
Asco y repulsión.
Cielo sepia sobre mí
Custodia la caída de mi torso
vuelto a un lado, laxo, lánguido.
Entorno gris
Dulce sonido, voz quebrada
Como cristal de Bohemia.
La horizontalidad de mis plegarias
Rozan el campo sosegado,
El suelo estéril
Donde una tarde de otoño
Caí, sin articular sonido.
Mutaciones agudas
Mutaciones agudas como espinas, sordo grito en la sombra del día. Dura contracción en el pecho .
Metamorfoseándote peligrosamente, por el filo de los nervios caminas, como si fueran una especie de cuerda floja.
De tus nervios, porque a los míos ya me los arrancaste de cuajo, como quien desuella una cebolla, capa a capa.
Mi desesperación fue en aumento, hasta que en un momento, luego del colapso, no pude oír más nada. Fue como sentir un ruido blanco en mi cabeza, y una enorme angustia en mi corazón.
Y ahí, haciéndose cargo de los despojos de la tormenta, mi alma diciendo que no te culpe. Y frente a toda carnicería emocional, fue ella quien me mostró cuanto te amo. Y cuanto te voy a amar, más allá de todo.
jueves, 1 de septiembre de 2016
Cuento: Elefantes de Cristal
El valle pulula la rezumante alegría de la primavera. A lo
lejos, las montañas coronadas de extrañas nubes, se ciernen como enormes
guardianes de piedra.
Camino entre la frondosa vegetación. Busco, busco pero no
encuentro. Sé que algo esconde este valle más allá de su tapiz de gloriosos
matices.
Huelo…un aroma salobre llega desde una ubicación que no
puedo precisar. Olor a mar… ¿Olor a mar? ¿Aquí?
Debe ser algún manantial subterráneo, porque la masa de agua
azul no se ve por ningún lado. Sigo caminando, el sol del mediodía me ofrece
una pista, un destello allá lejos cerca del cañadón. Mis piernas emprenden una presurosa
marcha. Zarzas e insectos se prenden de mi piel, pero no me importa.
El poder de la curiosidad me mueve instintivamente, como animal
salvaje. El reflejo es insoportable, avanzo a ciegas guiándome por un extraño
sonido. Un tintineo llega a mis oídos. Un agudo sonido hace que casi entre en
trance, extendiendo mis brazos hacia adelante, corriendo entre la maleza.
De repente tropiezo con algo, y mi vuelo se extiende sobre
el prado. Al abrir los ojos el olor a sal me invade, el resplandor me ciega por
un momento, pero al cabo de unos segundos la vista vuelve y me encuentro a los
pies de algo increíble.
Pastando tranquilamente ante mí, una manada de elefantes de
cristal.
La gran madre me observa y me dirige unos tintineos muy
quedos. Sé que sabe que puedo oírla sin necesidad de subir el volumen de su
chirriante voz, un detalle que agradezco de corazón.
Me siento en la
hierba y quedo sosegado oyendo sus agudos arrumacos. En la pradera el sol se aleja con su manto rojo, y los
paquidermos apagan suavemente su voz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)