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domingo, 27 de agosto de 2017

Poemario Denso I

Poemario Denso es una ventana abierta a épocas oscuras, ambientes pesados, donde los protagonistas de las historias allí contadas son víctimas anónimas de un descarnado desasosiego .









Lamento de otoño
Caigo de rodillas sobre el suelo estéril

Nauseas en el corazón

Tripas destrozadas

Asco y repulsión.


La ropa se mece en la soga

El verde césped ondula a lo lejos

Nauseas en el corazón.

Recuerdos que hacen sinapsis

Agudo dolor visceral

Asco y repulsión.


Cielo sepia sobre mí

Custodia la caída de mi torso

 vuelto a un lado, laxo, lánguido.


Entorno gris

Dulce sonido, voz quebrada

Como cristal de Bohemia.

La horizontalidad de mis plegarias

Rozan el campo sosegado,

El suelo estéril

Donde una tarde de otoño

Caí, sin articular sonido.






Mutaciones agudas

Mutaciones agudas como espinas, sordo grito en la sombra del día. Dura contracción en el pecho .
Metamorfoseándote peligrosamente, por el filo de los nervios caminas, como si fueran una especie de cuerda floja. 
De tus nervios, porque a los míos ya me los arrancaste de cuajo, como quien desuella una cebolla, capa a capa.
Mi desesperación fue en aumento, hasta que en un momento, luego del colapso, no pude oír más nada. Fue como sentir un ruido blanco en mi cabeza, y una enorme angustia en mi corazón.
Y ahí, haciéndose cargo de los despojos de la tormenta, mi alma diciendo que no te culpe. Y frente a toda carnicería emocional, fue ella quien me mostró cuanto te amo. Y cuanto te voy a amar, más allá de todo.






jueves, 1 de septiembre de 2016

Cuento: Elefantes de Cristal

El valle pulula la rezumante alegría de la primavera. A lo lejos, las montañas coronadas de extrañas nubes, se ciernen como enormes guardianes de piedra.
Camino entre la frondosa vegetación. Busco, busco pero no encuentro. Sé que algo esconde este valle más allá de su tapiz de gloriosos matices.

Huelo…un aroma salobre llega desde una ubicación que no puedo precisar. Olor a mar… ¿Olor a mar? ¿Aquí?
Debe ser algún manantial subterráneo, porque la masa de agua azul no se ve por ningún lado. Sigo caminando, el sol del mediodía me ofrece una pista, un destello allá lejos cerca del cañadón. Mis piernas emprenden una presurosa marcha. Zarzas e insectos se prenden de mi piel, pero no me importa.

El poder de la curiosidad me mueve instintivamente, como animal salvaje. El reflejo es insoportable, avanzo a ciegas guiándome por un extraño sonido. Un tintineo llega a mis oídos. Un agudo sonido hace que casi entre en trance, extendiendo mis brazos hacia adelante, corriendo entre la maleza.

De repente tropiezo con algo, y mi vuelo se extiende sobre el prado. Al abrir los ojos el olor a sal me invade, el resplandor me ciega por un momento, pero al cabo de unos segundos la vista vuelve y me encuentro a los pies de algo increíble.
Pastando tranquilamente ante mí, una manada de elefantes de cristal.
La gran madre me observa y me dirige unos tintineos muy quedos. Sé que sabe que puedo oírla sin necesidad de subir el volumen de su chirriante voz, un detalle que agradezco de corazón. 

Me siento en la hierba  y quedo sosegado oyendo sus  agudos arrumacos. En la pradera el sol se aleja con su manto rojo, y los paquidermos apagan suavemente su voz.